De pasaportes y visados

El mundo ralla el límite del esperpento. Las injusticias se suceden como las lapas se adhieren a las rocas. Es imparable la marea de lo inexplicable. Porque inexplicable es que el gobierno español haya obsequiado a Bankia con 10.000 millones de euros –tocaríamos a 210 millones por español- como sorprendente es que a Chen Guangcheng le den visado con cuarenta y tantos años para estudiar en los Estados Unidos. Y no sólo a él, sino a toda su familia. ¿Alguien sabe el dato de cuántos visados son revocados al cabo del día a ciudadanos chinos que desean salir de este agujero inhóspito? ¿Miles? Seguramente me quede corto.

Siendo justos, deberíamos reconocer tanto la brutal injusticia de este régimen inhumano que primero encarceló a Chen Guangcheng, abogado ciego y altruista que atendía a mujeres obligadas a abortar por los gobiernos locales, como que ahora los diplomáticos norteamericanos le regalen una estancia que podría ser de por vida bajo sus cielos democráticos.

Según las autoridades chinas, en quince días tanto Chen como su familia podrán recoger sus pasaportes. Hecho éste que no deberíamos pasar por alto, ya que no es usual que el ciudadano chino pueda poseer ese tipo de documento que, en teoría, le podría permitir dejar el país. Desconozco también el porcentaje de ciudadanos mandarines sin pasaporte, aunque puedo asegurar que una mayoría no lo tiene. Conozco algunos casos recientes, de trabajadores de provincias que se mudan a las capitales Shanghái y Pekín en busca de un futuro mejor, y que cuando desean viajar fuera de su país y solicitan el dichoso documento, deben volver a sus poblaciones de origen, anticuadas en los medios y en las maneras, donde son entrevistados cual sospechosos. “¿Y para qué quieres el pasaporte?”; o el aún más clamoroso: “Con el sueldo que ganas te será casi imposible conseguir un billete de avión”.

Resumiendo de manera acelerada, podríamos decir que ser disidente en China te puede llevar a tocar los dos extremos: la podredumbre más ennegrecida, siendo encarcelado sin juicio justo ni abogado, hasta el fin de tus días; o los privilegios más exagerados, ya que aunque no cumplas los requisitos, puedes ser agasajado con estancias superiores a las legales en el país que quiera usarte como bandera de la paz y la concordia.

Si Chen Guangcheng hubiera sido un abogado ciego que no defendía casos problemáticos contra su gobierno, nunca podría haber accedido a viajar a los Estados Unidos. Ni como turista. Y su pasaporte, éste que en quince días le darán recién impreso con fuerte olor a papel, hubiera sido algo tan lejano como innecesario. Que para qué quiere un chino que gana 300 euros al mes un documento de ese tipo si sólo el avión, la estancia y el visado correspondiente, valdrían un año de su trabajo.

Me alegro que Chen Guangcheng deje esta bazofia. Pero recordemos a los millones de chinos que desearían vivir lejos de aquí y que no tienen posibilidad de conseguirlo.

Compartir este artículo:
  • Facebook
  • Meneame
  • Live
  • Yahoo! Bookmarks
  • MSN Reporter
  • Digg
  • Sphinn
  • RSS
  • Print
  • del.icio.us
  • Mixx
  • Google Bookmarks

Puede participar escribiendo su comentario a esta entrada o bien conectar con RSS y seguir cómodamente las futuras entradas de este Blog.

Comentarios

Catacroker

Comentarios a esta entrada no permitidos