Un ciego en un país de mantas (asesinas)

Chen Guangcheng

Chen Guangcheng

Si Suecia tuviera argumentos rescindiría el Nobel de la Paz de Liu Xiaobo para cedérselo a Chen Guangcheng, un activista ciego por los derechos humanos, que aparte de disponer de menos eco en los medios que el galardonado internacionalmente, ha sufrido el desorden del PCCh hasta en su propia casa, en donde llevaba retenido desde hace dos años cuando, en teoría, cumplió su pena carcelaria por defender a señoras y señoritas obligadas a abortar en condiciones animalescas, lejos de los focos y de los hospitales. Los medios nunca recogieron sus heroicos actos que sólo han salido a la luz cuando su libertad estaba imposibilitada.

Pero sorprende que, tras dos años de cautiverio consentido –por sus autoridades, por casi todos sus vecinos y por prácticamente todos los periodistas extranjeros y nacionales- el ciego haya esquivado al mayor ejercito del mundo, a ese enjambre de indocumentados que, honrando a sus formaciones, no supieron atajar a un menguado físico, a un cegato como el que no ve ni tres en un burro.

Luis, lector y habitante de este espacio que si no fuera por la negligencia general tendría hasta éxito, me comentaba ayer en uno de esos comentarios al detalle, que en este país “la productividad es nula”, acentuando ese deje en la acción contra el disidente ciego que, incluso custodiado por un batallón de visionarios, supo esquivar la presión con el mismo milagro del cojo que gana al sano en una carrera de sacos, o del mudo que canta mejor que el cantaor jerezano. Porque de cosas milagrosas está lleno este mundo inmisericordioso. Afortunadamente.

Solamente en China podría haberse escapado un ciego. Como sólo en China la copia sigue siendo una cuestión de orgullo y productividad nacional. Mientras buscan al que secuestraron injustamente, los medios, tan timoratos como odiosos, reculan en sus frases como opinan en silencio.

Y sólo en China se recluye injustamente a disminuidos físicos con el fin de atajarlos en causas tan comunes como ayudar a los desvalidos, ya que en este país que dice ser una potencia mundial, no habría desgraciado capaz de salir airoso si no encontrara a un tipo como Chen cerca de él; a un tipo con los redaños suficientes como para saber que por ejercer su trabajo su propia familia podría ser mutilada, encarcelada y como poco, vejada bucal y analmente.

Los Nobel se siguen repartiendo como los bocatas en los recreos. Mientras tanto, los chinos prosiguen con su reparto de hostias a troche y moche, ante la desatenta mirada de una comunidad internacional inutilizada desde no se sabe cuándo.

Y Chen Guangcheng, en casa del enemigo. Porque todo aquel que haya osado darle cobijo, saldrá escaldado por los siglos de los siglos. Amén.

@JoaquinCamposR (Twitter)

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Comentarios

muy muy muy grande esta historia, y ciertamente va a tener muchas repercusiones. a los 60 que le custiodiaban les van a exiliar al desierto de Xinjiang a trabajar en una mina de mierda.

es ironico… deberian de hacer una pelicula! mision imposible 5

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