La foto del Twitter

Desde que caí en la trampa del Twitter –desde aquella mañana me arrepiento cada día y me tapo la nariz cada vez que ejecuto una frase que por el sonido anglosajón que la nombra me produce repelús- he venido observando que los que escriben sobre supuestas cosas serias han colocado sus fotos con caras y gestos inequívocos del narcisismo más triste. Como si una simple foto de carnet no fuera suficiente. Como si la red estuviera examinando facialmente a los que casi nunca examinan culturalmente.

En este mes y poco de tuiteos –lamentable anglicismo chusco- he visto no pocos caretos de sinuosas seudo estrellas del saber estar. Generalmente periodistas, que posando como el que sí quiere la cosa, quedan reducidos al paroxismo más absoluto cada vez que envían una frase que viene adjunta a un retrato, que mira tú por dónde, parece recortado de la promoción de una serie televisiva.

Un periodista chino abrió mi veda, cuando sentado sobre una acera reventada –creo que llevaba traje y miraba a cámara como si le apuntara su madre- decidió justificar su supuesta hazaña escribiendo en tipografía clara y concisa el supuesto lugar desde donde fue tomada la instantánea, lo cual debía justificar su existencia: Sarajevo; que así uno cauteriza la duda que brota a borbotones de semejante candidez ridícula.

Otros, españoles (y españolas), salen en fotografías que parecieran sacadas de un book de modelos amateurs, con morritos muérdeme ellas, y perfiles de medio cuerpo de banda popera adolescente ellos. Cuánto drama se gesta en las cabezas. Que para escribir bien no hace falta creerse que la belleza facial va atada a la del careto. Que si llega a ser así Nietzsche habría escrito bajo seudónimo.

Sin duda alguna Facebook, Twitter y todas esas bazofias están acabando con la autenticidad. A no ser que hoy día ser auténtico significo no serlo. Porque el desparrame general da más grima que algunas de las frases que algunos cuelgan, en plan lapidarias, que me imagino quedarán sepultadas por el resto de los días en esa turbina para imbéciles llamada internet. Y que conste que yo pertenezco, mal que me pese, a ese circo para bobos en donde el que no posa no sale en la foto.

Una propuesta cordial: pongamos fotos de nuestros traseros. Que un culo no lo conoce nadie. Ni siquiera el que escribe podría describir el suyo. Y en vez de firma en las frases un número o frase inconexa. Así nadie saldría en la batalla de internet con ventaja. Que estoy seguro que el que posa ya ha hecho el estudio pertinente para saber que hay seguidores –algunos los llaman ‘followers’ sin ser reprendidos por el juez de guardia- que se tocan más con sus gestos que con sus frases.

@JoaquinCamposR (Twitter)

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Comentarios

Estas que te sales Juakinito!!! Un beso desde malaga!!!

Veo que te vas haciendo con el invento.

muy de dali y sus culos secretos en el vaticano
de todas maneras, para que QUEJARSE TANTO…..a cagar mas!
salud bicicletera, de LA BUENA, la verdadera!

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