En el cierre de Público
Debo reconocer que el nacimiento del diario Público me pilló ya en China. Me sorprendió que vacilara con restar banda izquierda a El País como me llamó la tención su precio inicial: medio euro. Pensé, no sin equivocarme mucho, que podrían estar ofreciendo la mitad.
Acabo de llegar a casa en una noche escandalosamente molesta –llovizna cercana al agua-nieve con frío desgarrador- cuando al encender el ordenador sus siempre odiados compañeros de El Mundo anuncian en portada el fatal desenlace: Público cierra.
La clausura de cualquier medio de comunicación –esencialmente los periódicos-, editoriales y librerías, causan en mí un hondo pesar. Que sin haber seguido mucho la trayectoria del diario –cada vez que me asomaba a su web respiraba cierto perroflautismo editorial- debo aceptar que el día de hoy es un día triste. Muy triste. ¿O es que mañana va a abrir otra gaceta?
El futuro es internet, dicen algunos. Aunque yo debería añadir que en el futuro el tiempo, la tradición y la autenticidad tendrán cada vez menos espacio. Por ello Público sólo será el primero de los rotativos actuales editados en papel que dará con su imprenta en una morgue. Luego vendrán el resto: La Razón, muchos provinciales y regionales, ABC…
Si de verdad el futuro es internet, no sé a qué han esperado los directores de los diarios para modernizarse a la par de sus ediciones en internet. Como bien escribió David Jiménez en su blog personal, el diario impreso está destinado a su desaparición por la cabezonería de sus responsables, que repiten al día siguiente y en papel –y a euro y algo- lo que un día antes todos hemos leído repetidas veces. Su texto ‘El suicidio del periódico’, deberá resonar hoy sobre algunos de los miembros de la redacción de Público, que si malvivían con sueldos parias -por ese sueño del becario de querer mantener a siete columnistas consagrados a cambio de un hueco para fusilar teletipos- tendrían que preguntarse, a lo Almodóvar, “¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto?”.
Lo que más me llamaba la atención de Público era que estaba en manos de un capitalista de tomo y lomo. Jaume Roures, al que no creo que su patrimonio se vaya a ver afectado tras el cierre, residía en una locura vertiginosa de fútbol, contratos millonarios y televisiones. Luego llego la crisis, los gobiernos se apartaron, y salió a la luz el desnudo de un hombre que dejará en la calle a no pocos imberbes. Imberbes con ideología, eso sí.
Ahí quedará Público como el primer periódico nacional con sección de Cataluña a la misma estatura de la del resto de España. Como también fue el primero en negarse a escribir sobre tauromaquia –sin embargo sí lo hacía sobre guerra y corrupción-. Y también se recordarán sus numerosísimas colecciones de toda índole –libros, deuvedés…- que me imagino que permitieron al rotativo tanto ganar lectores como hundirse en unas deudas imparables. ¿O es que libro y periódico por euro y poco es sostenible?
A Escolar lo botaron; a Monteira le salió la vena gubernamental; y a Maraña se le habrá quedado cara de póker. Mi recuerdo, entre otros y sobre todos, a Rafael Reig, uno de los mejores escritores en lengua española, que pasó por su redacción tras dejar El Cultural de El Mundo con una sección memorable titulada ‘Sala segunda de lo crítico’.
Y en este día de luto, en donde un diario se va a tomar por el culo, criticar con premeditación y alevosía la lamentable actitud de la prensa/política (política/prensa), que se aguantan los unos a los otros, comprando voluntades a tanto la página. Porque la publicidad institucional debería ser perseguida hasta dar con sus creadores en las cárceles más lejanas de ultramar.
Y también, cómo no, despreciar a los gestores de un diario, a los irresponsables con oficina y secretaria, que han mantenido al mismo con vida por encima de sus posibilidades, jugando al mismo capitalismo asqueroso con el que decían enfrentarse. Por tantos columnistas de moda, seudo artistas televisivos y humoristas de capa caída, que cobraban más que treinta y tres redactores y sus señoras esposas. O esposos.
Día triste para la prensa. Mi solidaridad con la redacción de Público. Mi absoluto desprecio con Roures y los responsables de un cierre que no sólo tiene que ver con la crisis. Avisados están: el resto.
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Gracies.