Adrià y las sentencias
Hace poco leía una noticia sobre China en el diario ‘El País’ donde un lector daba un repaso al resto de lectores, así como al corresponsal que firmaba la noticia, aduciendo que China es una maravilla y los que no pensamos igual que él estábamos equivocados. Firmaba el comentario con el gallego nombre de Xaquín López Gómez, o sea, un tocayo mío que si no fuera por su apelativo pensaría que nació en Móstoles.
En la un cúmulo de frases, enumeradas del uno al diez, Don Xaquín insertaba una realmente cachonda: “La cocina china es la mejor del mundo (Ferrán Adrià dixit)”, como intentando justificar que las palabras de un genio siempre son sagradas. Que si fuera así rogaría al bueno de Ferrán, el Chef sin restaurante, que subido a un púlpito comentara lo siguiente: “La farlopa en China es veneno”. Tras esto, sospecho que los traficantes –diplomáticos compinchados con policías locales que ponen a pasear a una curiosa selección de nigerianos siempre machos- correrían a cortar la coca con sustancias menos nocivas para la salud. Porque nadie se puede hacer una idea de lo que la comunidad extranjera está sufriendo en China. Un atentado en toda regla. Atentados nasales.
Que Adrià diga que la cocina china es la mejor del mundo es una mentira absoluta. Primero: Adrià no conoce la cocina china, salvo la de algún falsario cantonés de Barcelona a cien euros el cubierto; segundo: cuando lo dijo estaba justamente en China; y tercero: si tanto le gusta, ¿por qué no ha adaptado a alguno de sus platos las técnicas de la cocina mandarina?
Ferrán Adrià es un genio. Un inventor. Un creador. Un cocinero al que le escriben los textos. Un monologuista sin humor al que suben de atril en atril para que ayude a España a salir del atolladero. Y por la ayuda dinerales: desde los gobiernos (español, catalán…) a suculentos contratos con importantes marcas de primeras calidades (jamón, aceite…).
Que Adrià haga negocio es lícito. Pero que Adrià sea el representante de la cocina española a nivel mundial es una broma de mal gusto. ¿O es que alguno de los que leen este texto alguna vez, una sola, ha conocido a alguien, vecino o familiar, empleado o jefe, que al invitarle a cenar en sus aposentos les haya sorprendido con una espuma de cebollino a la infusión de testículo de rape?
La cocina de un país, región o tribu la marcan sus habitantes, no sus héroes. Porque en España se cocina, desde legumbres estofadas a verduras de toda índole, pasando por mariscos ajados y una importante variedad de fritos pasados por harina. Y lo demás: espumas, cilindros, estratagemas, deconstrucciones, empalmaciones, helados secos, helados calientes, falsos no sé qué y demás farándula mediática, no son más que las capacidades de un cocinero como la copa de un pino, un creador como no ha existido, que si aún está vivo –y algo gordito- es porque se dedica a alimentarse de justamente lo contrario de lo que predica. ¿O es que alguno de ustedes podría vivir de espumas cuatro veces por semana?
Por tanto, Adrià no es el representante de la cocina española. En todo caso de la suya. Y por ello la cocina china que tanto le gusta abrillantar -¿sería casualidad que estaba sobre suelo chino cuando espetó semejante alegato?- no es más que una enajenación que cree es real. Porque lo que debió pisar Don Ferrán cuando deambulaba por las tierras del Partido Comunista –aparte del ‘Agua’, donde el gran cocinero Jordi Vallés saco su tajada correspondiente- fueron fastuosos palacios de diversas dinastías, remozados y modernizados, donde ‘milyuanistas’ le servían millonarios ingredientes camuflados en extrañas recetas. ¿O es que la cocina china real es lo que Ferrán Adrià recibió por su buche?
Debería saber el bueno de Ferrán que en China, la cocina tradicional, se basa en dos agujeros en el suelo de donde sale dos chorrazos de fuego; y sobre ellos se colocan, siempre, un caldo sospechoso, al que le van inyectando agua y restos de alientos según se vaya acabando, y una sartén –siempre la misma- que saltea tantos platos como pida el cliente. Esa sartén, única e indivisible, se lava muy de vez en cuando y de aquella manera. Y todo lo demás: aleta de tiburón, pepino de mar, pimienta de los montes de su puñetera madre, sesos de mono… no son más que las mismas patrañas con las que Adrià se ha ido haciendo famoso. ¿O es que en su ‘Bulli’ alguien se veía reflejado con la cocina de sus ancestros, siquiera sus padres?
La cocina china posee interés. Pero de ahí a catalogarla como “la mejor del mundo” media un trecho que seguramente será insalvable de aquí a dos siglos. Y Adriá que siga a lo suyo: a dictar sentencias, ya sin cocina donde quemarse. Lo peor, sus seguidores, que como los enfervorecidos del Corán creen que lo que dice Mahoma va siempre a misa.
@JoaquinCamposR (Twitter)
Puede participar escribiendo su comentario a esta entrada o bien conectar con RSS y seguir cómodamente las futuras entradas de este Blog.
Comentarios
La cocina china es muy amplia provablemente la mas amplia y creo la que mas metodos de cocion tienen. De ahi a catalogarla como la mejor del mundo hay un largo tramo.
Creo que la cocina china dara mucho que hablar cuando haya una revolucion,no pasara hasta dentro de unos veinte anos.
Hay que cambiar la base, reestructurarla de nuevo y cambiar esos aceites y esos fogones que queman todo.
PTZT, si cambias la basa cambias la cocina…….
Ademas, que es la cocina China??? cual??? la de Canton, la de Dongbei, la de Yangzhou, la de Sichuan, la de Yunnan???…. para empezar a mi ya me parece tremendo hablar de cocina china. Preguntarle a un chino sobre la cocina china, él te preguntará que cual de ellas.
Personalemente, en china es donde yo he comido más variado del mundo…. te gustará o no, variedad hay para parar un tren.
buen provecho!!!
Comentarios a esta entrada no permitidos






















Cierto al 200% y totalemnte de acuerdo. hasrto estoy de oír esas sande es y de haber padecido cenas y comidas infumables en este país, viniendo de una región como es Galicia en la cual la comida sí que es un arte.
Saludos.