Cómico Hu

“Fuerzas internacionales están intentando occidentalizarnos y dividirnos por medio de la ideología y la cultura”. Hu Jintao, Presidente de China, en la revista Qiushi, del PCCh.

Desconozco si el Presidente chino le da a la botella –no conozco a mandarín que no se destroce el hígado- pero es cómico observar la decadencia política de los regímenes totalitarios que con excusas colegiales intentan arrastrar a las masas idiotizadas. Hu Jintao, mentalmente, anda bastante más cerca a Corea del Norte que a Occidente. Cosa que no ocurre a su población.

La verdad es que China está cayendo en la trampa de Occidente. Sin necesidad de dominar un gobierno y desde la distancia, empresas como Apple han conseguido que ciudadanos paupérrimos se hipotequen por aparatos última generación que usan con más asiduidad que los aparatos reproductores de sus parejas. Coca-Cola también ha calado en las gargantas ‘Han’ así como la cultura de la apariencia es el pan nuestro de cada día de las nuevas generaciones. La prostitución, eso sí, no hizo falta importarla del primer mundo ante la avalancha de seguidores nativos de una China concubínica hasta extremos alarmantes.

La televisión es hoy tema de debate a causa de la supuesta occidentalización de sus productos que en teoría, hacen daño a las masas. Y qué falta de rigor es el que cree que la basura televisiva china tiene algo que ver con la basura televisiva occidental. Para empezar, las noticias de los informativos que por aquí se emiten, son bromas de mal gusto en donde sus valientes copian al dedillo las idioteces americanas, aparentando una seriedad de la que carecen. Si en China no existe el periodismo de investigación, ¿cómo podría ser que estuvieran copiando a Occidente? ¿Acaso en China se pueden denunciar a los corruptos del Partido Comunista chino? ¿Es que algún programa televisado no ha copiado los formatos americanos? O dicho de otro modo: Desde la llegada de Mao, ¿qué han inventado los chinos?

Lo que sí que llama la atención es la debacle de programas de variedades, donde chinas vestidas como americanas y chinos como japoneses, contonean sus cuerpos menudos ante las cámaras con la concreta idea de parecer lo que no son. Esto cala entre la muchedumbre que tras apagar el televisor intentan copiar a los que copian creándose así un tejido de apariencia que es, en sí, la imagen que proyecta China. Y este problema que denuncia el cómico Hu Jintao no es una supuesta invasión de Occidente ya que esta fechoría la comenzaron ellos mismos, los políticos, que a lomos de lujosos coches importados y vestidos con la mejor moda italiana se beben por millones de botellas cualquier vino francés que no baje de los quinientos euros la unidad. Además, todos y cada uno de ellos, residen en aparatosas mansiones calcadas al dedillo de las famosas urbanizaciones californianas. Entonces, ¿cómo no podría la población china copiar las modas extranjeras si hasta su cúpula mandataria lo hace?

De lo que no tienen culpa los extranjeros es de las maneras de las nuevas generaciones chinas que abiertamente reconocen que antes del amor está el dinero. Y así se cultivan las nuevas parejas, muchas de ellas elegidas al dedillo, en donde se compran a familias, novias y lo que haga falta. Luego pasa lo que pasa, que cuando te casas sin amor te encuentras a no pocas miles de veinteañeras casi recién desposadas que se te adoban en la discoteca buscando no pocas canas al aire.

La debacle televisiva china no tiene que ver con alguna extraña invasión de Occidente. La basura televisada tiene que ver con un país donde se adoctrina, no se educa, y donde la creatividad nunca sale del armario. Y de eso sólo el PCCh tiene la culpa.

@JoaquinCamposR (Twitter)

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Comentarios

Excelente post, Joaquín. China caerá por falta de carácter y por querer ser lo que nunca han sido. El carácter es lo que uno es cuando nadie lo mira. China no tiene, hoy por hoy, un carácter propio, es y vive para los ojos de los que la miran, como su Olimpiada y Expo. Dentro: el vacío total, como sus programas de mayor audiencia, todos del género “telemierda”, o el crimen y la coacci{on para perpetuar el Mal.

Se dice en el Tao te qing que nada que no es autentico puede durar, y que nada que lo es puede dejar de ser. Esa es la única esperanza que nos queda.

La decencia en China tenía un nombre muy concreto: Falung Gong. La prueba de que esto es así es su liquidación por parte del PCCh, los dueños del cortijo chinesco. Solo en ellos vieron peligro, que casualidad.

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