Como rascar una montaña con una uña mordisqueada

Acaba de hacerse oficial el fallecimiento de la niña de dos años que hace tres días fue atropellada tres veces por dos coches diferentes y que durante un buen rato no fue auxiliada por diecisiete personas que la ignoraron mientras agonizaba en el suelo. La noticia ha dado la vuelta al mundo creando por primera vez una corriente mundial de desprecio hacia China, sus habitantes y sus maneras de entender al resto de la condición humana. Incluso en las tertulias chinas el tema ha salido a relucir. Mientras me acuerdo de los padres, de la atropellada y de la basurera que le prestó ayuda, me pregunto quién tendrá que pagar la factura del hospital, el entierro y todos los gastos pendientes. En China no existe la Seguridad Social. Y menos la misericordia. Aunque al ser un caso televisado es muy probable que los gobiernos nacionales y locales se turnen en la caja para aparentar bondad.

He estado dos días analizando la situación con preguntas y comentarios, calibrando hasta dónde ha afectado semejante desprecio por la vida al chino de a pie. Y la verdad, me he llevado un chasco merecido ya que a toro pasado reconozco que era lo esperado. Que no hay dónde rascar.

Irene Ma, camarera, veintitantos años: “La culpa es de los padres por no cuidar de ella”.
Mathew, empresario hostelero, inglés: “Hasta mi tía de ha llamado por teléfono para preguntarme si el video que acababa de emitir un canal inglés era cierto. Me ha dado vergüenza reconocer que sí. Me ha preguntado qué dónde vivo”.
Sofia Wei, traductora, 28: “Es perfectamente comprensible que nadie la ayudara ya que te juegas el tener que pagar el ingreso y tratamiento hospitalario o lo que es peor: su entierro e indemnización a la familia”.
Julia Dong, empleda de tienda de moda, 25: “Yo me hubiera ido: no tengo dinero”.
Melissa Hu, traductora, 31: “Los extranjeros siempre criticando a China. Preocúpate más por tu país”.
Weiwei, masajista, 21: “Me da mucha pena pero yo me hubiera ido corriendo; soy pobre y no hubiera tenido con que pagar a la niña y su familia”.
Diana, sus negocios, Colombia: “No quiero hablar de ese tema. En Colombia ya tenemos problemas y prefiero no opinar. Somos extranjeros en China. No me gusta criticar, que luego… “.
Justin Yu, gerente, 34: “Yo tengo dos hijos y se me han revuelto las tripas. Los mataba”.

Desconozco si los apellidos y edades coinciden con los reales. Pero lo que sí puedo asegurar es que de sus bocas salieron las frases que he transcrito en este texto. En él resalta que sólo dos personas –el británico y el padre de dos hijos- hayan puesto el grito en el cielo, hayan sentido estupor, sufrimiento, nauseas. Los demás, incluida la penosa latina, escurrieron el bulto porque unas imágenes como esas no son aún suficientes para cambiar el paso de este gigante desalmado. Sorprende que hasta la masajista jovenzuela, recién llegada del campo a la gran ciudad, se sepa al dedillo lo que debe hacer si ocurre lo que hoy está en boca de todos; que no es más que apartarse del bebé y quitarse de en medio a la carrera ya que nadie quiere –ni puede- pagar los pecados de otros.

Porque el problema en China es exactamente ése: que al final alguien siempre deberá pagar. Si el jarrón se cae en la tienda, o lo abona el cliente patoso o la empleada desgraciada; si la pareja se va sin pagar la cuenta del buffet, le tocará acoquinar a la camarera que cubriera ese rango o al miembro de la seguridad del hotel; y si a esa niña ultrajada no la hubieran grabado esas cámaras que luego regaron de tristeza a todo el planeta, hoy la ‘ayi’, la señora que recogía cartones sin negar el principio humano del auxilio, podría estar en la cárcel o buscando dinero para hacerse cargo de las facturas. Que una heroína lo es más cuando el gobierno y la familia no pueden negar la realidad. Que repito, recalco: esas cuentas las tiene que pagar alguien. Y hasta que no se borre ese miedo de esta sociedad desnaturalizada volverán a acontecer casos como éste que la verdad, suelen ocurrir a menudo. Pero no son emitidos por las televisiones. Y menos con niñas de dos años agonizando en horario de máxima audiencia. ¿Quién no ha visto en este país a uno que recoge cartones arrollado por un coche de lujo que deja su bicicleta hecha un cisco, a él tirado en el asfalto, sangrando, y el policía, el atropellador y la vecindad haciendo de su desgracia un teatrillo? Que hasta que no se aclara el tema –muchas veces nunca se llegan a acuerdos- el pobre se tiene que levantar, abandonar su medio de vida/locomoción para siempre, y salir a la carrera coja gracias a que el más fuerte –el que le atropelló- disponía de contactos.

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Comentarios

Aunque los chinos no crean en la ley universal del karma ni crean en nada que no sea el money, ya están empezando a recibir su merecido, en este caso a través de un español:

http://www.marca.com/2011/10/21/futbol/futbol_internacional/1319182295.html?a=543b15a786699a919a4cdfc73c6833e1&t=1319212602#comentarios

Si, como dices alguien tiene que abonar la factura del hospital y eso es un problema. En España existe la ley que nos obliga a auxiliar a un herido en la carretera y estamos educados para ayudar a la gente. Además el Estado nos cubre con la seguridad social.
Yo personalmente no veo solución en China. Creo que esto va a seguir sucediendo. Todos los chinos piensas igual con lo de auxiliar a otra gente. Yo y otros amigos hemos tenido accidentes de moto en China, te levantas, te limpias la sangre del casco y sigues para adelante.

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