Ojo al dato

"Londres se hizo famosa en su día por sus nieblas que resultaron ser las flatulencias cancerígenas de su primera revolución industrial". / LOM

"Londres se hizo famosa en su día por sus nieblas que resultaron ser las flatulencias cancerígenas de su primera revolución industrial". / LOM

La unidad de inteligencia del ‘The Econimist’ ha publicado un índice que, de la primera a la última, muestra los niveles demócratas y libertarios de las naciones que conforman este planeta. Aunque es sabido que los datos son como los colores, se está de acuerdo según le gusten al que los recibe, es obligatorio aclarar que ni el citado medio es conocido por su manipulación ni que, verificando la tabla de resultados, uno se lleve grandes sorpresas. Por cierto, España, paradigma de las libertades, de las igualdades, de la libertad sexual, del laicismo, y de no sé qué más mentiras decoradas, transita en una escasamente meritoria decimo octava posición, que si fuera la clasificación de la liga de fútbol acarrearía la perdida de la categoría, con el consiguiente traumático descenso.

Pero no voy a hablar de España, cansino país que aparenta más que muestra, para centrarme en China, país que habito, sufro y analizo. Mientras miro por mi ventana, sita en la decimoprimera planta de un hotel pekinés, observo una brutal contaminación que no deja ver absolutamente nada. Londres se hizo famosa en su día por sus nieblas que resultaron ser las flatulencias cancerígenas de su primera revolución industrial. Aquí, con ciento y pico de años de retraso, se descabalga en los mismos temas que no han sabido, estos mandarines, poder arreglar. Porque lo que muestra la estampa desde mi ventana es un profundo desagravio al ser humano que en China no es considerado siquiera mula de carga.

El informe del ‘The Economist’ vierte de una maravillosa verdad: mi amada Escandinavia, y alrededores, copan todos los primeros puestos en participación ciudadana, libertades reales, cultura y pluralismo. Y por ello Noruega, Islandia, Dinamarca y Suecia son los campeones de una realidad a la que China ni tiene ojos ni conocimientos para poder entenderla. Nueva Zelanda y Australia son quinta y sexta mientras Finlandia, Suiza, Canadá y Luxemburgo terminan de aclarar que Occidente, Europa y en especial, Escandinavia y alrededores, son el pulmón de un cuerpo (el planeta Tierra) demasiado gangrenado.

Para encontrar a China hay que irse a una división a la que denominan, “Regímenes autoritarios”; y en ella aparece en la humillante posición número 136, por debajo de Ruanda, Gabón, Angola, Gambia, Togo y Cuba, entre otros muchos lugares de alta toxicidad para sus habitantes.

En la clasificación de procesos electorales, como bien es sabido, ocupa la última posición, a la par de naciones como Qatar, Guinea Ecuatorial, Irán, Birmania, Chad o Corea del Norte. Pero éste dato no debería ser muy tenido en cuenta ya que aquí se habla única y exclusivamente de los países donde los gobiernos autoritarios o golpistas han tomado las riendas de la nación para tomar decisiones unilateralmente.

Pero lo lamentable, hiriente, peligroso y concluyente, es ver en la sección “Libertades de la población” como China, ojo al dato, empatada con Yemen y Laos, sólo supera a Birmania, Uzbequistán, Turkemistán y Corea del Norte. Aclaro que son 167 los países que forman este mundo.

Mientras estos datos salen a la luz el PCCh sigue encarcelando, extorsionando, chantajeando y asesinando a todo aquel que rehúsa seguir su dramático dictado. Y a la chita callando, todos los países del primer mundo –unos más que otros, habría que reconocer- sacan tajada del sistema chino fabricando en ciénagas donde explotados seres humanos cosen zapatillas que se venden a doscientos euro, que es la mitad de sueldo medio en un mes de durísimo trabajo. China ha creado un sistema que estaría penado en Occidente pero al que el propio Occidente se encarga de utilizar en un país donde la ilegalidad es legal. Por ello, no sería osado pedir cuentas a todas las multinacionales que tras cerrar sus fábricas en sus países de origen manufacturan los mismos productos a sabiendas de: que han dejado en la calle a no pocos millones de trabajadores; y que los precios de sus artículos, curiosamente, no sólo no han bajado sino que muchas veces han subido. Muchas de esas empresas han cobrado subvenciones millonarias de los estados ultra demócratas, o sea, ultra imbéciles, que no han hecho nada para evitar semejante ultraje.

Si nadie es capaz de actuar contra este desaguisado sería muy posible, que atendiendo a las demandas del pueblo occidental que en plena crisis económica solicita trabajo e ingresos, calara el sistema del Partido Comunista Chino que sabe a la perfección que el mundo está en sus manos. Han comprado nuestra deuda, los primeros bancos, la manufacturación europea, están comenzando con los bares, y fabrican casi todo lo que necesitamos. Ya sólo les restan nuestros cerebros.

Es muy duro decirlo pero o China sube el sueldo a sus habitantes u Occidente tendrá que bajárselo a los suyos. Porque si seguimos a este paso, con una China fabrica del mundo, Europa acabará aceptando las imposiciones, que a cambio de restar hambre y calamidades, China nos impondrá.

La ‘Rerevolución Indutrial’ se barrunta en Occidente. Volverán a abrir las fábricas, con señoras nativas que enlataran atún del Cantábrico como coserán camisas de Zara. La diferencia será que los sueldos, para competir con China, no podrán excederse de los doscientos euros mensuales, sin paga extra y sin seguridad social. Y de eso del paro, olvidémonos. Que ya basta de políticas sociales que en realidad son estiércol para que vagos. Como dijo ‘The Guardian’ al comienzo de la crisis española: “Spain, La Fiesta is over”.

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Comentarios

Estoy de acuerdo en todo saaalvo en un matiz en el último párrafo. Estoy de acuerdo en que la única esperanza que nos queda es la de bajar muchísimo los sueldos, pero no creo que el sueldo que se cobre en España vaya a ser de doscientos euros. Afortunadamente la productividad industrial española está bastante por encima de la China, lo cual nos permite cobrar ligeramente más. Yo creo que deberíamos situarnos al nivel de paises como Polonia y Hungría (que tienen como gran socio a Alemania) o en casos de industria de poco valor añadido, como Rumanía.

Ahora, está complicado de narices, ya que precisamente estos paises tienen una posición geográfica excelente para abastecer a los grandes consumidores centroeuropeos (nosotros estamos lejos y con Francia por medio), y los emergentes sudamericanos ya se están procurando su propia industria. Así que … ¿para quién fabricamos?

Respecto a las libertades “y todo eso”, nada nuevo bajo el sol.

Viendo (y sufriendo) la inflacion galopante en China, creo que en unos anyos sus sueldos seran mas altos que en Escandinavia.

Yo lo que no entiendo es porqué no se prepara un tejido industrial europeo-americano suficientemente poderoso para poder dejar de comprar a los chinos.

El capitalismo desenfrenado está muerto, hay que poner límites. Que se deje de comprar productos a China… aunque con la cantidad de hijos de puta que hay en éste mundo, no creo que eso sea posible. La dignidad humana está por los suelos.

Lo has dicho perfectamente, Estanislao: en China empezaron (desde su propio “gobierno”) por despojar a las personas de su dignidad. A partir de ahí, eliminando todos los valores humanos, la gente está dispuesta a todo sin ningún tipo de escrúpulo ni reparo moral. Tragan con todo.

La crisis de valores que afecta a occidente está empezando a hacer mella en el mismo sentido, alentada por gobiernos como el nuestro (el español), que revisten la miseria moral con el brillante celofán del “estado de bienestar” y el lazo de terciopelo de los “nuevos derechos”. Hasta que no nos peguemos el castañazo -y no estamos tan lejos- no habrá forma de enderezar el barco.

¿Cuánto falta para que veamos en España a papanatas vendiendo algún órgano para comprarse un iPhone? El nuevo modelo presuntamente sale al mercado en uno o dos meses. A ver qué pasa …

China va a acabar como la escena de los jardineros en “El incidente” de Shyamalan.

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