China no es país para padres (y menos extranjeros)
Se va Fernando. Se va un español expatriado por los dramas generales ibéricos que llegó a la China milenaria a comer mierda. Se va Fernando, con su familia a cuestas de cuatro herederos, con su ahínco frustrado por la escasa pericia nativa. Se va Fernando, con su esfuerzo denodado volcado en una intemperie como un barranco. Se va Fernando, títere del crecimiento chino por no dar fe de acudir a tugurios con menores. Se va Fernando, único extranjero que conozco sin novia o mujer china, sin pasado en karaokes para firmar contratos de postín, y sin dobleces intencionadas camufladas a la mañana siguiente. Juntando estas tres cosas no hay extranjero posible, salvo él, o salvo escasos.
Se va Fernando, con su estela de menores que quedarán a salvo de la pederastia contaminante, que destruye a la par tanto fosas nasales como pulmones y mentes. Se va Fernando, a educar a sus vástagos, que por esta parte del mundo serían analfabetos con título, con piso de diseño y con coche deportivo. Se va Fernando, del que se desprendió España sin saber lo que perdía. Como con otros muchos. China, por supuesto, nunca supo qué recibió ni sabe qué se le va.
Se va Fernando, sin cáncer por comer en los tugurios callejeros, con la moral alta por ello, con el hígado correcto, con su filtro impoluto de envestidas marcianas, con la pureza por bandera. Y se van su señora y polluelos, que le veían venir y le veían salir de un campo de batalla cercano al de concentración. Y sin indemnización.
El racismo no se lo llevan. Ni los dramas generales. No han acabado escupiendo. Y si lo hicieran no harían ese ruido estruendoso que les nace, a los oriundos, de las entrañas jamás conocidas de la garganta. Y sin mondadientes. Sin repelús. Sin las plantas de los pies como el carbón.
Mientras su jefe, expatriado pero no ex mafioso, se debatía entre el soltero sin cargas o el Fernando sin cargos, decidió, como era menester, ahorrar en gastos para hundir a la constancia. Hoy las empresas extranjeras se basan en la contratación a mansalva de locales sin ton ni son –o extranjeros que no los parecen- a los que se les da cobijo aunque no inteligencia. Pero sus jefes contratan a expatriados constantes que en la grandísima mayoría de los casos son solterones-farloperos que emiten menos inteligencia que dolencia. Suele pasar: familias aunque rentables, caras; mediocres aunque manejables, más caros… a la larga.
Se va Fernando, parte de mi vida chinesca, parte de la escasísima dignidad organizada que pulula esta acequia. Acequia obstruida. Y con su familia, engrandecido por su conocimiento, orgásmico a sabiendas, libre de saber que en esta selva sin árboles salir adelante sólo es posible cuando no estás con ellos. ¡Y vivió un lustro sin mascarilla!
Suerte en tu nueva etapa. Y huye lejos. Nunca podrán entender qué pasa ante sus ojos como que pierden cada día. Tantos países como tantos sueños (Tailandia, Birmania, Camboya, Nueva Zelanda, Islandia, Suecia, Noruega, Tonga…) y tantos hijos como tantas realidades. Cuatro. El número de la muerte en China. Que la superstición va de la mano de la falta de inteligencia.
Pasarlo bien en lo más importante. Y con cuatro embarazos y partos más una boda y viajes ya nada os podrá parar. Y ellos aún sin saberlo.
Puede participar escribiendo su comentario a esta entrada o bien conectar con RSS y seguir cómodamente las futuras entradas de este Blog.


























Muchas, muchas gracias Joaquin por esto.