Nueva genialidad del ceramista Pablo Romero.
Coincidiendo con la festividad de San Ana y San Joaquín, el artista malagueño Pablo Romero ha terminado un encargo ciertamente original y de acusada dificultad, según él mismo reconoce. Se trata de una recreación del óleo Santa Ana con la Virgen, del pintor Bartolomé Esteban Murillo, expuesto en el Museo del Prado de Madrid. Este lienzo es una temática recurrente en las reproducciones sobre azulejos, contando actualmente la web cerámica con varias recreaciones del mismo en distintas localidades andaluzas.
La web del Museo del Prado, afirma que el tema, muy querido por los pintores sevillanos, alude a un episodio de la infancia de la Virgen transmitido a través de relatos apócrifos y ofrece a Murillo la posibilidad de incorporar en un mismo espacio pictórico varios niveles de realidad: por una parte, la realidad histórica trasladable al mundo cotidiano de una madre que ha dejado las labores de costura para enseñar a su hija; por otra, un espacio modelado a base de referencias arquitectónicas como columnas y balaustradas que sitúan la escena en un lugar indeterminado y en absoluto doméstico; en tercer lugar, un espacio alegórico formado por un rompimiento de gloria del que emergen dos ángeles que coronan de flores a la niña. La gran maestría del pintor consiste en haber logrado reunir de una forma natural y armónica los diferentes niveles de realidad.La flor de lis indica la pertenencia a la colección de la reina Isabel de Farnesio, gran coleccionista de la obra de Murillo.Procede de la Colección Real.
Este trabajo vidriado tiene como destino la colección particular de la familia Leiva-Aldea, teniendo la pecularidad de que los rostros de los cuatro personajes de la escena se inspiran en fotografías personales, circunstancia que ha obligado a Romero a replantearse la perspectiva y la dirección de las miradas, en especial la de la Virgen María, que a diferencia que en los modelos originales observa directamente al espectador, incidiendo así en su protagonismo de la estampa. El tratamiento de tocados y cabellos difiere, asimismo, del modelo primigenio, aportando un toque de actualidad que contrasta con los ampulosos ropajes de época. El trabajo es fruto de dos cochuras en el horno, buscando una mayor definición de los colores y los brillos, tratándose de una pieza de 45 x 60 c. sin ningún tipo de cenefa u orla, ya que su finalidad es ser enmarcada en un cuadro.
Puede participar escribiendo su comentario a esta entrada o bien conectar con RSS y seguir cómodamente las futuras entradas de este Blog.



























Comentarios
Aún no se ha comentado esta entrada. Sea el primero en hacerlo!
Comentarios a esta entrada no permitidos