“Tetracorpus”.

El amigo Barceló, recién llegado de Tánger buscaba un baño sacramental, barroco y andaluz, algo utópico de encontrar más allá del Estrecho.  El domingo hubo que madrugar y coger carretera (sin manta, por el calor) y dirigirnos a la bella capital del Torcal.  Antequera, vamos.  Parada previa en el cementerio, que merece una visita por el valor de parte de su arquitectura y lo cuidado del recinto.  La procesión salía sobre las 10.30 y sorprende el contraste con respecto a Málaga.  Custodia de gran valor y antigüedad portada por hermanacos, con ausencia de música y con mucha gente tras ella. Por el camino, varios altares, pero llama sobre todo la atención, el escaso público por la zona que lo vimos.  La comitiva partió y se encerró en la Colegiata de San Sebastián.

El día antes tuve el honor de asistir al amarrado de la almohadilla de mi amigo Dani Herrera. Todo un rito que se mantiene en Antequera como seña de identidad.  Por cierto, un lujo ver los peculiares guiones antequeranos. A ver si alguna hermandad o asociación de nueva creación se anima a optar por este tipo de forma al uso de bandera plegada con la placa hacia el exterior.

De Antequera a Archidona y tiro porque me toca.  En 15 minutos estabamos aparcando cerca de la plaza Ochavada y de pronto nos topamos con una comitiva más “de pueblo”, con la presencia de una banda de cornetas y tambores.  De nuevo calles con flores y plantas aromáticas, algunos altares y una procesión más reducida pero con la impronta del sacerdote portando la Sagrada Forma bajo palio.  El calor empezaba a apretar. Por cierto, impresionante la casa hermandad del Dulce Nombre. Más grande que la del Rocío de Málaga, que ya es decir, jejeje, y con uno de los titulares (el Crucificado) en el trono todo el año, algo que nos cuentan con toda naturalidad.

De allí, de nuevo a Málaga pero con escala en Casabermeja, más conocido como el pueblo de las cuestas. Allí, la tercera opción de portar la Custodia, en esta ocasión a hombros en un trono en madera aún sin dorar.  Día grande en el pueblo, con la mala fortuna que el aire caliente que soplaba estropeó parte de la decoración de las calles. De nuevo hubo escala técnica en el cementerio, uno de los más bellos de Andalucía.

Antes, en la fuente de la Yedra había unos chinos vendiendo fruta o “fluta”, gajes de la globalización, y lógicamente hubo que hacer parada y fonda sobre las 2 de la tarde en la Venta del Túnel.  A Gálvez le encantó el arroz y el tangerino hizo los honores de servirlo.  Por cierto, se recomienda reserva, sino te pueden dar allí las uvas, y no las sacramentales sino las de nochevieja.

La cuarta pata de este tetracorpus era por la tarde-noche en Málaga. Ese da para un capítulo aparte. Por lo que continuará.

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