El Guadalmedina, río navegable.
El pasado domingo, al realizar la acostumbrada ruta de bajada al centro, y justo a la altura del edificio de Sanidad y los alrededores del CAC, me topé con tres intrépidos piraguistas que iban surcando el Guadalmedina, aguas arriba.
La verdad que es toda una gozada ver a estos deportistas haciendo ciudad, generando una plusvalía en este trozo de río verdoso y abandonado, que por unos momentos parecía el brazo trianero del Guadalquivir, surcado por decenas de deportistas o incluso en un exceso de imaginación, se antojaba la ría de Nervión a la altura del Gugen camino del Cantábrico.
Piraguas en el Guadalmedina que habían entrado, según me contaron sus tripulantes, por la desembocadura y habían ascendido, pasando bajo los puentes de Antonio Machado y del Carmen, obtenido una perspectiva exclusiva y casi irrepetible de la ciudad.
Y los vecinos, que pueden llorar con un ojo, ya que más o menos el río mantiene un aspecto digno, e incluso se ven pececitos que se acercan si se les lanza algo de comer. Pero claro, cuando nos topamos con las administraciones y las promesas políticas comprendemos que este aprendiz de río de la ciudad, sigue durmiendo el sueño de los justos, el sueño del abandono, en unos paredonas antiguos y con pintadas, en un camino más aventura de Indiana Jones que paseo urbano y en una falta de uso que lo condena a convertirlo en un gran charco verdoso antes que en un lugar lúdico y educativo. ¿Sería muy complicado la existencia de unas barcas de alquiler? ¿Podría ser una nueva atracción turística en la zona más al sur de la ciudad, complemento de la visita al CAC? Ahí lanzo las sugerencias. Mientras tanto, a ver si contacto con los amigos piragüistas, con sus diéresis incluidas, y me dejan dar un paseo con ellos. Málaga vista desde otra perspectiva.
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